Cuento de la Tortuga: Estrategia para el manejo emocional

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Queremos compartir contigo el cuento de la tortuga, por medio del cual puedes ayudarle a tu hijo a autorregularse y manejar mejor sus emociones. Inicialmente es bueno anotar que el autocontrol requiere del autoconocimiento. Por medio del cual será más fácil reconocer no solo nuestras emociones sino nuestras reacciones. A partir de este conocimiento podremos encontrar mejores formas de regularnos.

 

  • Autorregulación y autoconocimiento en los niños
  • Entender las emociones
  • Consecuencias del bajo control emocional
  • Cuentos para el manejo emocional
  • Identificación del niño con el protagonista
  • La respiración profunda
  • Beneficios del cuento de la tortuga
  • Cuento de la Tortuga
    • Vídeo
    • Imágenes
    • Texto

Autorregulación y Autoconocimiento en los niños

Para los niños este es un proceso que apenas se está iniciando y por ende se les puede dificultar la autorregulación. Esto requiere práctica y un aprendizaje, por lo que es normal que el niño pueda tener pataletas y pueda estallar en llanto como formas de expresar emociones que inicialmente no sabe cómo manejar, esto hace parte del crecimiento y del proceso de autoconocimiento.

Es bueno enseñarles herramientas que les ayuden a manejar las situaciones que les pueden causar frustración. Esto les hará más fácil estabilizarse ante las dificultades normales de la vida y aprender que hacer cuando las cosas no salen según lo esperado. También es bueno enseñarles diferentes alternativas de acciones a las que pueden recurrir cuando surgen dificultades, además de los golpes o pataletas. Esto les ayudara a encontrar otras soluciones a problemas que se les presenten en el día a día, ya sea con sus compañeros, amigos o familiares.

Ayúdale a entender sus emociones

Algo que le puede ayudar mucho a tu hijo es poder encontrar nuevas formas de reaccionar ante diversas situaciones del día a día. Partiendo de una comprensión empática de sus emociones y lo que puede estar sintiendo, ayúdale a ponerle palabras a aquello que aún no sabe nombrar acerca de sus sentimientos. Luego de esto le puedes ofrecer alternativas sobre cómo podría reaccionar, siempre validando sus emociones y expresándole que, aunque es normal que se sienta así por la situación, puede elegir diversas formas de actuar, que le permitan no dañar a otros y entender lo que está sucediendo consigo mismo.

Es recomendable no bloquear o negar sus emociones, porque esto puede ser confuso para él. Se trata de poder explicarle que lo que está sintiendo en este momento es normal cuando uno está enojado, triste o temeroso, ya que esto va a aportar en su autoconocimiento. Si logra encontrar nuevas formas de actuar cuando se siente molesto, le será más fácil sobrepasar su enojo con formas más sanas de afrontamiento y que a largo plazo le hagan sentirse bien consigo mismo.

Es necesario recalcar que el problema no son las emociones como el miedo, la ira o la tristeza, estas ocurren en procesos cerebrales que no podemos controlar. Lo que si podemos controlar es lo que hacemos con ellas y como reaccionamos cuando nos invade alguna de estas emociones. Esto además se lo podemos enseñar a los niños, abriéndoles así un mundo de posibilidades.

Algunas consecuencias de un bajo control emocional

En algunos niños el manejo de las emociones es particularmente complejo y requiere un esfuerzo adicional por parte de los cuidadores. En algunos casos este tipo de dificultades puede traerles problemas en la escuela, donde pueden aparecer peleas constantes debido a un pobre control de impulsos, que puede llevarlos a no medir las consecuencias de sus actos y hacer cosas que luego les pueden generar más dificultades y por las cuales se pueden sentir arrepentidos. Generalmente los niños no quieren agredir a sus compañeros y amigos, pero al no saber cómo manejar sus emociones y que hacer para no explotar, no encuentran otra forma de comportarse que agredir a sus amigos, aunque luego se sientan culpables y tristes. Es por esto que la herramienta que vamos a compartir en esta entrada puede ayudarle a tu hijo a manejar mejor sus emociones y que se pueda sentir más tranquilo y feliz.

Los cuentos como herramienta para el manejo emocional

Los cuentos le hacen más comprensible las situaciones a tu hijo gracias a la identificación con los personajes. Esta le permite encontrar nuevas formas de actuar en diferentes situaciones y entender que pueden mejorar algunos de sus comportamientos. Vale la pena aclarar que la potencia de los cuentos está en la repetición de estos, por lo que es recomendable que se destine uno o dos días a la semana para leerlo y hacer juegos sobre este. Adicionalmente, es importante poder hacer de la tortuga un personaje de la cotidianidad, para que cuando el niño se sienta abrumado por las emociones se le pueda recordar el consejo de la respiración profunda.

Identificación con el protagonista de la historia

Una estrategia que puede ayudarte a que la tortuga se vuelva parte de la cotidianidad del niño es que él se pueda sentir identificado con el protagonista de la historia, esto lo puedes lograr haciendo que ambos compartan características, gustos y dificultades por superar. Con esto le será más fácil identificarse con la tortuguita y con lo que ella consigue. Asimismo, puedes describir a los compañeros y las situaciones que le ocurren a la tortuguita adicionando aquellas situaciones que también le pasan al niño, para que pueda ver que, si la tortuguita lo logró, él también lo puede lograr y que siempre va a tener opciones igual que el protagonista.

La respiración profunda

En los momentos en que el niño se sienta sobrepasado por sus emociones es bueno que pueda recurrir a la respiración profunda, como lo hace la tortuga y en lo posible que esta se acompañe por pensamientos positivos y la búsqueda de mejores alternativas para manejar el problema al que se enfrenta. Se busca que el niño aprenda a utilizar la respiración profunda como una forma de pensar en las consecuencias que traería actuar impulsivamente, para que de esta forma pueda tomar decisiones más asertivas. Explícale que este espacio de respiración profunda y cerrar los ojos, es un momento para que se pueda tranquilizar y encuentre mejores formas de responder. 

Beneficios del cuento de la tortuga

El cuento de la tortuga ha mostrado resultados en el control emocional cuando se utiliza de manera constante y repetitiva en el tiempo, ya que el niño logra identificarse con la tortuga y empieza a utilizar la pausa y la respiración profunda antes de actuar impulsivamente. Parte de la utilidad de este cuento es que permite al niño aprender a pensar antes de actuar que, aunque puede parecer simple, es un herramienta poderosa que le ayuda a mejorar sus relaciones interpersonales y diferentes aspectos de su vida, ya que favorece el autoconocimiento y esta es una de las bases fundamentales para lograr un buen manejo emocional.

Pero recuerda, no se trata de nunca enojarse, sentirse triste o no tener miedo, se trata de poder reconocer esas emociones cuando aparezcan para que, aunque las experimentemos, nuestras respuestas sean asertivas.

No siendo más te presentamos el cuento de la tortuga. Queremos que tengas la versión en video, donde Julieta VS narra el cuento. También te lo compartimos en imágenes para que a tu hijo se le haga fácil reconocer a los personajes. Por último lo compartimos en texto, para que sea más fácil para ti adaptarlo a tus necesidades. Esperamos que lo disfrutes y te facilite la tarea de ayudarle a tu hijo a manejar sus emociones.

Cuento de la tortuga - Video

Cuento de la tortuga - Imágenes

Cuento de la tortuga - Texto

Este es el cuento de una pequeña tortuga que le gustaba mucho jugar, sola o con sus amigos. Le gustaba mucho ir al cine, ver la televisión y jugar en el parque con sus amigos. Pero a la hora de ir a la escuela no parecía pasarla muy bien.

A esa tortuguita le costaba mucho trabajo permanecer sentada y ordenada, no le gustaba escuchar al maestro. Algunas veces sus compañeros jugaban quitándole los lápices o la empujaban. La tortuguita se enfadaba, se ponía de mal genio y no demoraba en pelearse e insultar fuertemente a sus compañeros. Lo malo de esta situación es que sus compañeros no tardaban en excluirla de sus juegos. Poco a poco se iba quedando sola. Todo debido a la agresividad mostrada por la tortuguita.

La tortuguita siempre estaba muy molesta y de mal genio, furiosa, confundida y también muy triste. Todo porque no podía tener control sobre sus acciones cuando se molestaba por situaciones tontas y tampoco sabía cómo resolver el problema.

Un día se fue al bosque y encontró en un pequeño lago una tortuga vieja. Ella tenía por lo menos 300 años y vivía en ese lago en medio del bosque, casi al otro lado del pueblo. La vieja tortuga se dio cuenta que la pequeña tortuguita no se encontraba bien y decide preguntarle que le sucede. La pequeña tortuguita le cuenta lo que le pasa en la escuela y le pregunta:

– ¿Qué es lo que puedo hacer? La escuela no me gusta. No puedo portarme bien y por más que trato y trato, nunca lo consigo-

Entonces la vieja tortuga le respondió:

-la solución al problema está en ti misma. Cuando estés muy rabiosa, contrariada y molesta y sientas que ya no puedes controlarte. Métete en tu caparazón y ahí dentro podrás calmarte, cuando yo me meto en mi caparazón hago tres cosas:

Primero, me detengo a respirar profundamente.

Segundo, pienso cual es el problema y que pasaría si actuó con rabia y lastimo a mis amigos.

Tercero, pienso en la mejor solución al problema.

Juntas las tortugas se pusieron a practicar dentro de sus caparazones. Cuando al fin la tortuguita estuvo lista, estaba inquieta porque llegara el siguiente día y poder aplicar esta técnica del caparazón en la escuela.

Al día siguiente la tortuguita estaba en la escuela cuando un niño comenzó a molestarla. Apenas comenzó a sentir ira, molestia y estaba a punto de reaccionar agresivamente, recordó lo que la vieja tortuga le había dicho en el lago y se metió dentro de su caparazón e hizo lo que la vieja tortuga le había enseñado. Cuando salió del caparazón vio que su maestro estaba contento, al ver que no había reaccionado agresivamente y la felicitó por haber actuado con calma.

La tortuguita practicó una y otra vez, hasta que la técnica quedo perfecta. Esta es la historia de cómo la tortuguita consiguió replegarse en su caparazón cada vez que era molestada o iba a reaccionar agresivamente ante cualquier situación externa.

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